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viernes, 13 de septiembre de 2013

Lúgubre Amanecer

En una madrugada fría y tétrica
deambulaba venturoso
por las desoladas calles de mi pueblo
de repente creí escuchar un tenue sonido
como si dama alguna sollozara de placer,
mas opté por proseguir el camino al suponer
que solo se trataba de una impertinente mujer.

Era diciembre, lo recuerdo con cierta dificultad
fueron tiempos difíciles pues no hallaba saciedad
solo bebía licor, único amigo sin alguna predilección
al instante sentí un repentino sentimiento de terror
una voz incierta pronuncio mi nombre y a lo lejos
una extraña silueta se reflejo en un tétrico rincón.

Mi atención estaba sujeta a aquella sombra
suspire con cierto miedo al sentir gran pavor
aquella voz, tenue y susurrante clamo
<Venid a mí, pérfido corazón>
Callé, simplemente callé… nada más
como responder a tal hecho sobrenatural.

Con prisa camine vertiginoso sin mirar atrás
entonces una mujer de rostro macilento
surgió entre sombras y fijamente me observo
sin movimiento alguno enmudecí y nada más
una lúgubre sonrisa emergió de sus labios
y solo un atónito silencio sepulcral fue respuesta
a aquel hecho que hasta hoy no he podido olvidar.

Debo confesar que aquella noche sentí temor
pues nunca ante mis ojos contemplasen mujer
que concibiera  en mi algo diferente a placer
Ella o eso, la verdad no sé… Se acerco
hasta quedar en frente a mi cuerpo petrificado
aquella extraña mujer solo miraba sin parpadear
pensé que la luz del día no volvería a ver jamás.
Entonces de sus ojos gotas de sangre emanaron
con una desagradable pestilencia putrefacta
y vi como sus  labios movía sin producir sonido
y pensé <Dios Mío! Dios Mío>
para continuar con mi mal, moje mis pantalones
y de repente grite <aléjate engendro del mal>
solo anhelaba despertar a tan cruel realidad.

Sus ojos, se secaron de tanta sangre verter
Sus labios pálidos y el cabello cada vez más gris
Intente dejarme caer al piso para calmar mi mal
Sus manos sujetaron de inmediato mi torso
<infausto ser, decidme lo que deseas de mi>
Un grito aturdidor salió de aquella mujer, o eso
Y desfallecí, felizmente no resistí mas aquel ser.

Una fuerte luz irradio mi rostro la mañana siguiente
en mi mano yacía una antigua y estropeada gargantilla
era de la mujer que había asesinado dos años atrás
Grite: <Por qué me atormentas desalmado espanto>
después de esto note que había dejado en mí
el único objeto perdido que jamás fue hallado
castigando con su obsequio a un criminal jamás condenado.

Quede inanimado, luctuoso y  totalmente abrumado
dejó en mí un recuerdo que atormentara mi alma
su mirada, esa tétrica mirada jamás será olvidada
sus labios endemoniados me siguen a todos lados
soy un afligido homicida que nunca fue juzgado
una triste escoria que firma este lúgubre relato...
pocos minutos antes de dejar este mundo perturbado.








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